Libertad en el cristianismo

Estimada comunidad universitaria, en esta ocasión me dirijo a ustedes compartiendo unas breves reflexiones que tocan la pregunta por la libertad en el contexto del discernimiento. ¿Cómo se relaciona la libertad humana con la “voluntad divina”? ¿Se puede vivir libre ante Dios? Dichas preguntas implican una serie de factores a tener presentes. Primero, la relación existente entre la persona y Dios. Segundo, la libertad humana y la voluntad divina. Tercero, la imagen que tenemos sobre nosotros mismos como humanidad, y la de Dios como posible fundamento de ésta. Digamos una palabra a propósito de estas tres cuestiones, no con el fin de dar respuesta a las anteriores preguntas (muy probablemente, nuestras respuestas quedarán como esbozo o atisbo frente al misterio humano y divino que nos trasciende), sino para posibilitar, en la medida de lo posible, un mejor acercamiento introductorio a la temática que aquí nos ocupa: Libertad en el cristianismo.

El horizonte de la gratuidad

En esta ocasión me dirijo a ustedes, querida comunidad universitaria, compartiendo una reflexión de carácter teológica. Aprovecho este espacio para saludar, felicitar y agradecer a las y los docentes de nuestra universidad, quienes serán homenajeados este lunes 23 de mayo. Sin duda alguna, ellos y ellas, desde su noble labor contribuyen a educar en el horizonte de la gratuidad.

 

En nuestra propia historia hay una serie de representaciones que hemos aprendido sobre Dios: lo que es para nosotros y el sentido que le puede dar a un determinado grupo de seres humanos. No necesariamente el Dios manifestado en Jesucristo coincide con las imágenes que a lo largo de los años, y de nuestro crecimiento como personas, hemos introyectado. Sin embargo, por ahora no se trata propiamente de rastrear en las diferentes etapas de la vida la percepción que podemos tener sobre la divinidad (tarea que probablemente excede la intención de este breve texto), sino de dejarnos interpelar por lo acontecido en ese hombre, el galileo; en él reconocemos, desde la fe, al Hijo que nos ha dicho (Logos) quién es el Padre (Abbá), al mismo tiempo que nos ha mostrado lo que significa esa relación de filiación. Por tanto, la propuesta de este comunicado es invitar a gustar, con agradecimiento, al Dios de la gratuidad revelado en Jesús: “… El que me ve a mí, ve al Padre…” (Jn 14, 9).

¡Felices Pascuas de Resurrección!

Estimada comunidad universitaria, Felices Pascuas, que este tiempo de gracia renueve nuestra esperanza para seguir abriendo posibilidades de relación y comunión en la construcción de un mundo más humano. En esta ocasión comparto con ustedes algunas reflexiones que previamente he socializado en otros espacios, sobre lo que implica la experiencia del Crucificado-Resucitado, a la luz de lo que he denominado la locura de la cruz.

Pocos como Erasmo de Rotterdam han enaltecido o ponderado la “locura de la cruz”. Entre esas escasas voces, que sin duda son un preclaro antecedente del humanista holandés, situamos la figura de San Pablo, gran difusor del cristianismo, quien a propósito de locuras llegó a decir que el mensaje de Cristo crucificado “es escándalo para los judíos y locura para los paganos”, al mismo tiempo que se revela la “fuerza y sabiduría de Dios”, fuerza en lo que parece debilidad, sabiduría en lo que para los hombres es locura. Cómo podemos interpretar estas palabras a la luz de la obra Elogio de la locura, pero sobre todo desde la experiencia de las víctimas de la historia, concretamente en este México en donde impera la violencia, las desapariciones forzadas; múltiples lugares cooptados por el crimen organizado, quien termina sustituyendo, de manera peculiar, funciones del Estado como la impartición de justicia.

Reconciliación con la creación

Querida comunidad universitaria, comparto las siguientes reflexiones en el marco de la ya próxima celebración del día internacional del agua, 22 de marzo. Fecha que renueva nuestra conciencia sobre el creciente deterioro del medio ambiente como consecuencia de las diversas acciones humanas; al mismo tiempo que alienta y fortalece nuestra colaboración para valorar y preservar la casa común que todas y todos compartimos. La importancia de responder al desafío ecológico no sólo radica en la pregunta por el tipo de mundo que hemos construido y que actualmente vivimos, sino también en las condiciones de vida que heredaremos a las venideras generaciones, es decir, el futuro del planeta para la especie humana en relación con toda forma de vida, desde los mares hasta los bosques, incluyendo los múltiples estilos de vida en el campo y la ciudad. En este sentido, la crisis ambiental ha de entenderse como una relación que por complejas causas se ha roto.Vivimos en un mundo herido necesitado de reconciliación.